SUBLEVACIÓN MILITAR Y GUERRA CIVIL(1936-1939). DIMENSIÓN POLÍTICA E INTERNACIONAL DEL CONFLICTO. EVOLUCIÓN DE LAS DOS ZONAS. CONSECUENCIAS DE LA GUERRA.

SUBLEVACIÓN MILITAR  Y GUERRA CIVIL(1936-1939). DIMENSIÓN POLÍTICA E INTERNACIONAL DEL CONFLICTO. EVOLUCIÓN DE LAS DOS ZONAS. CONSECUENCIAS DE LA GUERRA.


1. INTRODUCCIÓN

El juego que mantuvieron las fuerzas políticas durante el período democrático que

nació al amparo de la Segunda República estuvo cargado de gran tensión y violencia.

Muchos de los intereses y aspiraciones de los distintos grupos sociales estaban en clara confrontación. Los sectores agrupados en torno a la derecha se opusieron frontalmente a muchas de las reformas que, promovidas por la izquierda,

amenazaban con subvertir un orden social extremadamente desigualitario. Esta situación, que generó una fuerte polarización de los posicionamientos políticos, provocó debates parlamentarios muy acalorados y violentos enfrentamientos armados, entre los que cabe destacar los que se produjeron a raíz de la denominada Revolución de Asturias de 1934, considerados el precedente inmediato de la guerra civil.



La República perdió progresivamente apoyos sociales, tanto por la izquierda como por la derecha, lo que amenazaba seriamente la estabilidad del sistema:

• Los sectores más conservadores de la sociedad española, integrados por

eclesiásticos, un importante sector del ejército y la patronal industrial y agraria, mostraron un claro rechazo a las reformas promovidas por la izquierda, ya que dañaban sus intereses y amenazaban a la religión y a las tradiciones, bases sobre las que se asentaba el orden social establecido.

• Las organizaciones obreras confiaban cada vez menos en una República que se mostraba incapaz de acometer las reformas que desde estos sectores se demandaban, por lo que fueron distanciándose de ella, al tiempo que una parte cada vez más importante de la izquierda proclamaba la necesidad de romper con la

República e iniciar una revolución proletaria.


El triunfo del Frente Popular (coalición formada por fuerzas políticas de izquierda) en febrero de 1936 hizo aumentar el miedo entre los sectores de derecha a una inminente revolución que supuestamente pretendía iniciar una izquierda eufórica ante la victoria electoral. En este ambiente pre-revolucionario una parte del ejército inició una conspiración militar que desembocó en el alzamiento de las tropas de Marruecos del 17 de julio de 1936.




Desde una perspectiva interna, la guerra civil española se entiende como la

consecuencia de la convergencia incontrolada de los problemas que España venía

arrastrando desde el siglo XVIII, e incluso antes, a los que la República no dio una solución satisfactoria, al igual que no lo habían hecho los regímenes precedentes.


Desde una perspectiva externa fue muy importante la influencia que ejercieron sobre

el desarrollo y conclusión del conflicto las tendencias totalitarias surgidas en Europa con posterioridad a la Gran Guerra.


2. LA SUBLEVACIÓN MILITAR

Altos mandos del ejército comenzaron a urdir un golpe de estado que terminó conduciendo al levantamiento de las guarniciones militares españolas de Marruecos el 17 de julio de 1936.

A comienzos de ese mes, el teniente Castillo fue asesinado por un grupo de ultraderecha.

En respuesta a este atentado, miembros de la Guardia de Asalto secuestraron y asesinaron a Calvo Sotelo, líder del Bloque Nacional (coalición de derechas para las elecciones de febrero de 1936), conocido por sus actitudes antidemocráticas y antiparlamentarias, participante activo en la conspiración contra el gobierno, la noche del 12 al 13 de julio. Este suceso fue lo que precipitó un alzamiento que se encontraba todavía en fase preparatoria.

Teniente Castillo                Calvo Sotelo


La sublevación comenzó siendo un movimiento principalmente militar. Los líderes de la conspiración no tenían claro lo que debía hacerse una vez hechos con el poder. Entre los principales organizadores de la trama encontramos a: Mola, Goded, Sanjurjo, Franco, Varela, Orgaz, Queipo de Llano, Saliquet y Fanjul.


Mola                                      Goded                               Sanjurjo

         

Franco                                               Varela                               Orgaz…..

  Queipo de Llano                   Saliquet                                            Fanjul



Algunos eran carlistas (partidarios de la monarquía tradicionalista), otros defendían la restauración alfonsina; otros aspiraban a instaurar un régimen totalitario de

corte fascista; incluso había defensores de la República que pretendían derribar el

gobierno del Frente Popular e imponer el orden. Por esto es quizá más correcto hablar de varias conspiraciones paralelas que terminaron confluyendo cuando, al fracasar la insurrección militar, dio comienzo la guerra civil.

El principal organizador de la sublevación, el general Mola, pretendía instaurar una dictadura militar que garantizara el orden y, una vez controlada la situación, volver de nuevo a la legalidad constitucional.
Los sublevados argumentaron que en principio lo que pretendían con el levantamiento militar era hacerse con el control de los resortes del gobierno de una manera rápida y limpia y frenar de este modo la revolución comunista que supuestamente estaba planeando iniciar el gobierno del Frente Popular. Para hacer triunfar el golpe necesitaban ser secundados por el mayor número de guarniciones militares posible, teniendo un valor fundamental las de Madrid y Barcelona. Pero no fueron respaldados ni por estas ciudades ni por otras muchas.

El gobierno había tenido cuidado de establecer en aquellas zonas cuyo control era

fundamental para la estabilidad del régimen mandos militares de reconocida fidelidad a la República y había mandado a zonas periféricas a aquellos militares que le inspiraban menos confianza, como Franco, que había sido alejado a Canarias.

 

El general Franco, que se incorporó a la conspiración en el último momento, tras el asesinato de Calvo Sotelo, se desplazó en un avión Dragon Rapide desde el archipiélago canario a Tetuán, donde llegó el 19 de julio de 1936, poniéndose al

frente de los ejércitos sublevados.

Durante los primeros días después del alzamiento, los sublevados consiguieron

imponerse en ciudades como Cádiz, Sevilla, Córdoba y Granada, y en amplias zonas de Galicia, Castilla y León, Navarra, País Vasco y Aragón, así como en los archipiélagos balear y canario.


Desde un principio el apoyo de los elementos civiles a los militares sublevados fue

crucial para lograr el control de muchas de estas ciudades.

El 20 de julio de 1936 los rebeldes perdieron a su líder, el general Sanjurjo, que falleció en un accidente aéreo cuando regresaba del exilio para ponerse al frente de los sublevados.


3. ESPAÑA DIVIDIDA EN DOS ZONAS


3. ESPAÑA DIVIDIDA EN DOS ZONAS

El fracaso del golpe generó una situación inesperada a la que los sublevados tuvieron que adaptarse, modificándose los objetivos originales a medida que se desarrollaban los acontecimientos. España quedó dividida en dos zonas enfrentadas, situación que terminó desembocando en el estallido inmediato de una larga guerra civil.

Los sublevados, que representaban a los sectores más conservadores de la sociedad, fueron apoyados por los partidos de derecha. El gobierno de la República consiguió mantener el control de amplios territorios, y fue sostenido por los partidos de izquierda agrupados en torno al Frente Popular.


3.1. El bando sublevado

La base social que prestó su apoyo a los sublevados se componía en su mayoría, de militares conservadores, propietarios agrarios, monárquicos de derecha, católicos y tradicionalistas. Todos ellos estaban en contra del acceso de las clases populares y pequeño-burguesas al poder. Este bando recibió ayuda de los fascistas italianos y de los nacionalsocialistas alemanes, movimientos totalitarios que tendió a imitar.

Aunque en un principio la conspiración tuvo un carácter eminentemente militar, cuando fracasó el golpe de estado el apoyo de los elementos civiles se convirtió en determinante para garantizar el control de muchas ciudades. Estos estaban organizados fundamentalmente en torno a Falange Española, los carlistas y la CEDA (confederación española de derechas autónomas).


Falange Carlismo CEDA


  


3.2. El bando republicano

Este bando estaba constituido básicamente por las clases populares. Estaban afiliados a organizaciones comunistas, socialistas y anarcosindicalistas (como CNT o FAI). Un importante sector de las clases medias, vinculado a partidos republicanos, también dio su apoyo a la República, aunque temeroso ante el eventual estallido de una revolución social.


4. EL DESARROLLO DE LA GUERRA: LAS FASES BÉLICAS

Cuatro fases del desarrollo del conflicto:

1a. De julio a noviembre de 1936: avance hacia Madrid.

2a. De diciembre de 1936 a octubre de 1937: Batallas alrededor de Madrid y ocupación del norte.

3a. De noviembre de 1937 a junio de 1938: ofensiva de Franco hacia el Mediterráneo.

4a. De julio de 1938 a abril de 1939: Batalla del Ebro y fin de la Guerra.



4.1. Primera fase. De julio a noviembre de 1936: avance hacia Madrid


Una semana después del alzamiento empezaron las operaciones militares. La primera fase de la guerra se conoce como “guerra de columnas". La tropas de África, después de cruzar el Estrecho de Gibraltar asistidos por la aviación alemana e italiana, consiguieron enlazar con la zona sublevada del norte peninsular después de eliminar una enconada resistencia en Badajoz. En septiembre Franco ocupó Toledo, encontrándose a finales de octubre a las puertas de Madrid.

Ante la inminente conquista de Madrid, el gobierno de la República decretó la

movilización masiva para salvar la capital. Miles de hombres y mujeres participaron en la fortificación de los accesos y el interior de la ciudad.

El 6 de noviembre de 1936 el gobierno de la República se trasladó a Valencia,

dejando Madrid en manos de una Junta presidida por el general Miaja. Madrid, a pesar de los fuertes ataques de que fue objeto, consiguió resistir, gracias en buena medida a la llegada de los brigadistas internacionales y de la columna anarcosindicalista Libertad, liderada por Buenaventura Durruti.

         

general Miaja              Buenaventura Durruti



4.2. Segunda fase. De diciembre de 1936 a octubre de 1937: Batallas alrededor de Madrid y ocupación del norte


En esta fase ambos bandos procedieron con la regularización de sus ejércitos:

• En el bando republicano se creó el Ejército Popular de la República y se disolvieron buena parte de las milicias.

• Franco militarizó los cuerpos de voluntarios (requetés y falangistas

fundamentalmente)

Tras fracasar en la toma de Madrid, los sublevados intentaron aislar esta ciudad,

tratando de cortar las comunicaciones con el Este, la carretera de Valencia, mediante una acción militar envolvente. El ejército de la República concentró sus fuerzas para evitar el aislamiento de Madrid y la consecuente división del territorio bajo control republicano. El encuentro de ambas fuerzas se produjo en la Batalla del Jarama en febrero de 1937, enfrentamiento que fue cesando como consecuencia del progresivo desgaste que se produjo en ambos ejércitos. En marzo de 1937 el Ejército Popular de la República venció a las tropas fascistas italianas aliadas de Franco en la batalla de Guadalajara.

Ante las dificultades, Franco cambió de estrategia. Del intento de toma de

Madrid se pasó a la conquista de todo el territorio español. La capital, aislada y sin recursos, terminó cayendo.

Entre abril y octubre de 1937 las acciones militares se concentraron en la franja

cantábrica, avanzando las tropas nacionales de Este a Oeste. En esta ofensiva la aviación de la Alemania nazi bombardeó, por orden del cuartel general de Franco, la población civil de la ciudad de Guernica. Se trata del primer bombardeo aéreo de la Historia sobre población civil.

Ante el imparable avance del ejército nacional por el norte, el gobierno de la

República puso en marcha unas acciones militares con el objeto de atraer la atención de Franco y así disminuir la presión en la zona cantábrica. El ejército republicano tomó la iniciativa atacando Brunete, cerca de Madrid, y Belchite, en las proximidades de Zaragoza.


Sin embargo estas acciones no impidieron que la zona cantábrica, pasase al bando nacional.


 Belchite



4.3. Tercera fase. De noviembre de 1937 a junio de 1938: ofensiva de Franco hacia el Mediterráneo


En diciembre de 1937 el ejército republicano fue reestructurado para aumentar su

eficacia. Los puestos de mando fueron ocupados por militares profesionales y los milicianos y brigadistas fueron integrados en su estructura.

El nuevo ejército republicano intentó tomar la iniciativa, lanzando fuertes ofensivas

bélicas. Tras una dura batalla los republicanos ocuparon Teruel, ciudad que pronto abandonaron para hacer frente a la Campaña de Aragón iniciada por Franco, con la que consiguió abrirse camino hasta el Mediterráneo, dividiendo el territorio controlado por el gobierno de la República en dos zonas. Tras esto, Franco siguió avanzando hacia el sur, aunque tuvo que enfrentarse a una nueva, fuerte y desesperada ofensiva republicana lanzada sobre el Ebro.


4.4. Cuarta fase. De julio de 1938 a abril de 1939: Batalla del Ebro y fin de la Guerra


La Batalla del Ebro es el episodio bélico más importante de todo el conflicto.

Los republicanos de la zona catalana intentaron, a partir del 25 de julio de 1938, avanzar hacia el sur para restablecer la unidad del territorio republicano. Sin embargo Franco detuvo el ataque con una fuerte concentración de tropas y con el apoyo de la aviación italiana y alemana. Detenido el ataque, inició en noviembre de 1938 la contraofensiva, obligando a los republicanos a replegarse hacia el norte y provocando importantes daños a su ejército.

Franco decidió entonces, en vez de continuar con el avance hacia el sur, tomar

Cataluña. El 26 de enero entró en Barcelona sin necesidad de luchar. La toma de Cataluña provocó un fuerte flujo migratorio hacia Francia. Entre los exiliados destaca el gobierno de la República (con Negrín como jefe del gobierno y Manuel Azaña como presidente), que desde octubre de 1937 estaba instalado en Barcelona, y el gobierno de la Generalitat (el presidente era Lluís Companys). En Francia se unieron con los exiliados del gobierno vasco, donde se encontraban desde hacía más de un año.


             

         Negrín                              Manuel Azaña                     Lluís Companys


En febrero de 1939 la República sólo controlaba la zona centro (formaba una figura

cuyos vértices eran aproximadamente Valencia, Almería y Madrid). El jefe del gobierno republicano, Juan Negrín, regresó de Francia decidido a continuar la guerra, para lo cual contaba con el apoyo de los comunistas. Sin embargo ya poco se podía hacer. La República había caído. Francia e Inglaterra reconocieron oficialmente el nuevo gobierno de Franco, y Manuel Azaña dimitió como presidente de la República.

En marzo, el coronel Casado, el encargado de la defensa de Madrid, disconforme con la creciente importancia que estaban adquiriendo los comunistas en el gobierno de la República, dio un golpe de Estado en marzo de 1939 contra el gobierno socialista de Negrín y estableció un Consejo Nacional de Defensa presidido por el general Miaja para negociar la paz con Franco. Franco no aceptó condición alguna y exigió la entrega inmediata de las armas. 

El 28 de marzo de 1939 el ejército de Franco entró en Madrid sin encontrar ninguna resistencia. En pocos días ocuparon todo el territorio que se extendía hasta el Mediterráneo, y el 1 de abril de 1939 Franco firmó el último parte de guerra:

“En el día de hoy, cautivo y desarmado el ejército rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. Españoles, la guerra ha terminado”.



5. EVOLUCIÓN POLÍTICA DE LAS DOS ZONAS

5.1. LA ZONA REPUBLICANA

5.1.1. Desencadenamiento de la revolución social

Los sublevados legitimaron su acción argumentando que pretendían frenar la

supuesta revolución social que estaba organizando el gobierno del Frente Popular, formado tras las elecciones de febrero de 1936. Sin embargo, aunque la situación previa al alzamiento era de inestabilidad generalizada, no había ninguna revolución en marcha. Fue el alzamiento el que provocó que en el territorio que permaneció fiel a la República se extendiese una revolución social de carácter colectivista, promovida por los anarcosindicalistas (CNT y FAI). Aunque el PSOE también

participó en algunas de las colectivizaciones llevadas a cabo, lo normal fue que tanto el PSOE como el PCE se mantuvieran al margen, oponiéndose más tarde. La revolución fue especialmente fuerte en Cataluña, donde en octubre de 1936 la Generalitat aprobó la colectivización de la industria. El colectivismo agrario se extendió por Aragón, Valencia, La Mancha y Andalucía. En muchas ciudades y pueblos se constituyeron Juntas, Consejos y Comités para dirigir la revolución.

En los primeros meses del conflicto se desencadenó en la zona republicana una

persecución de todos los elementos “sospechosos”, es decir, favorables a los sublevados (eclesiásticos, burgueses, propietarios agrarios y clases acomodadas en general). Un gran número de personas fueron detenidas y asesinadas y sus bienes incautados en nombre de los partidos políticos y sindicatos. Muchos de los perseguidos huyeron de España o se refugiaron en la zona sublevada, prestando su apoyo al bando franquista. Asimismo cabe destacar el resurgir de movimientos anticlericales, que produjeron el saqueo y la quema de numerosos edificios religiosos.


5.1.2. Derrumbe del estado republicano

El gobierno de la República tardó en reaccionar ante el golpe de Estado. Se

sucedieron varios gobiernos, hasta que José Giral comenzó a organizar la resistencia. Aprobó la entrega de armas a los civiles, organizados en milicias por los partidos, y disolvió un ejército que había quedado considerablemente mermado. Después se propuso la creación de un ejército de voluntarios.

La revolución social avanzaba, creándose comités y juntas controladas por los

sindicatos y obreros por toda la zona republicana. Esta situación casi produjo el desplome del gobierno repúblicano, sumamente debilitado. En agosto, Francisco Largo Caballero, secretario general de la UGT, fue llamado para formar gobierno, pues era considerado públicamente como la única persona capaz, en esos difíciles momentos, de unir a los republicanos, burgueses y obreros en un esfuerzo común.

               

    José Giral                                 Francisco Largo Caballero


5.1.3. Largo Caballero recompone el Estado

Largo Caballero, apoyado en principio por todas las fuerzas republicanas, formó un

nuevo gobierno en septiembre de 1936 integrado por republicanos, socialistas, y por

primera vez, comunistas. En noviembre se sumaron a este gobierno cuatro ministros

anarcosindicalistas.

El objetivo de Largo era crear una gran alianza antifascista que permitiese recomponer el poder del Estado y hacer frente a los sublevados, para lo cual impulsó la militarización de las milicias de los partidos y creó el Ejército Popular sobre la base de las Brigadas Mixtas.


A pesar del empeño de Largo, terminó enemistándose con los comunistas y los anarcosindicalistas. Con los primeros porque trató de dirigir la guerra de manera personal; con los segundos el distanciamiento respondía a la actitud que estos mostraban, ya que aunque por una parte participaban en el gobierno, por otra actuaban de manera independiente, colectivizando tierras y negándose a integrar sus milicias en el ejército regular.


Las distintas aspiraciones políticas de los partidos que apoyaban la república

provocaron un fuerte enfrentamiento interno. Los anarcosindicalistas y partidos como el POUM defendían la guerra revolucionaria, lo cual no era compartido, entre otros, ni por comunistas ni por republicanos. En Cataluña esta disparidad de planteamientos desencadenó un enfrentamiento armado, conocido como Los Sucesos de Mayo, que terminó con la derrota de los anarcosindicalistas y la disolución del POUM.

Comenzó entonces una nueva disputa por el liderazgo dentro de la República que

enfrentó a los seguidores de Largo Caballero con los comunistas.



5.1.4. El gobierno de Negrín

En mayo de 1937 los comunistas amenazaron con abandonar el gobierno si Largo

Caballero no lo hacía antes. La posición de los comunistas se había fortalecido como consecuencia del apoyo que la República había recibido por parte de

la Unión Soviética. Éste optó por dimitir, formándose un nuevo gobierno dirigido por el socialista Juan Negrín.

Se formó entonces un nuevo gobierno integrado únicamente por los partidos

políticos, quedando fuera la representación sindical de la UGT y la CNT. La dirección de la guerra pasó en un principio a manos del socialista Indalecio Prieto.

Negrín lideró una política de resistencia a ultranza, al tiempo que se trataba de

buscar una salida negociada al conflicto. Elaboró un proyecto conocido como el Programa de los Trece Puntos, en el que planteaba la permanencia de la República y la celebración de elecciones democráticas una vez hubiesen cesado las hostilidades. Franco se negó a aceptar el proyecto o cualquier tipo de negociación. Sólo aceptaba una rendición incondicional. 


La única esperanza que le quedaba a Negrín era que estallase un nuevo gran conflicto internacional que llevase a Alemania a retirar sus ejércitos de España y pusiera a los aliados a su favor. Sin embargo, en septiembre de 1938 Francia e Inglaterra firmaron el Tratado de Múnich, por el que reconocían la ocupación de los Sudetes por el ejército nazi, plegándose de este modo al expansionismo alemán. A pesar de este grave acontecimiento Negrín continuó esperando el conflicto europeo entre las potencias democráticas y las fascistas, acuñándose la expresión “¡Resistir es vencer!”.


La vida se hacía cada vez más difícil en la zona republicana debido a la falta de alimentos y a los continuos reveses militares. A finales de 1938 Negrín redujo su plan a tres puntos: la salida de los ejércitos extranjeros de España; la garantía de que no se produjeran

represalias de los vencedores sobre los vencidos; la continuidad del régimen democrático.

Por su parte Franco anunciaba que sólo aceptaría la rendición sin condiciones.


5.2. LA ZONA SUBLEVADA

Los que respaldaban el alzamiento se encontraban políticamente divididos, pero

aceptaron la supremacía del ejército, que  se convirtió desde muy pronto en la columna vertebral del nuevo Estado surgido con el conflicto.



5.2.1. Francisco Franco: Jefe del Gobierno del Estado y Generalísimo de los Ejércitos Españoles

Los sublevados crearon en Burgos una Junta de Defensa Nacional con el cometido de gobernar los territorios ocupados. Estaba integrada por militares y presidida por el general más antiguo, Miguel Cabanellas. La Junta prohibió los partidos políticos, suspendió la Constitución de 1931 y paralizó la Reforma Agraria.


Pronto surgió la necesidad de establecer un mando único para dirigir la guerra. Pero

el general Sanjurjo, el líder del alzamiento, había muerto en una accidente aéreo días

después de iniciarse éste (el 20 de julio de 1936). Franco consiguió, por un lado, el respaldo

de la mayoría de los generales debido a sus exitosas acciones militares, y por otro obtuvo el

respaldo de Hitler y Mussolini, lo cual lo convertía en el mejor representante para negociar los apoyos internacionales necesarios para sostener la guerra.


El día 1 de octubre de 1936 se nombraba a Franco mediante decreto Jefe del

Gobierno del Estado y Generalísimo de los Ejércitos Españoles. La Junta de Defensa Nacional fue sustituida por una Junta Técnica del Estado, con sede en Valladolid y Burgos, dividida en comisiones mandadas por militares en las que también había civiles.


5.2.2. La creación del Partido único

Los partidos activos en esta zona eran Falange Española, fundada por José Antonio

Primo de Rivera, y la Comunión tradicionalista. La CEDA y otros grupos monárquicos también fueron tolerados.

A la hora de organizar un nuevo poder político los sublevados se inspiraron en los

estados italianos y alemán. Se creó un partido único y se dotó al Jefe del Estado de plenos poderes. El 19 de abril de 1937 Franco decretó la unificación de los partidos políticos tolerados, naciendo de este modo Falange Española Tradicionalista y de las JONS, con Franco como Jefe del Partido y Jefe del Estado. Los carlistas y falangistas que se opusieron a esta unificación de partidos fueron condenados o desterrados.

El partido adoptó como uniforme la camisa azul, propia de la Falange, y la boina roja, característica de los carlistas, y como saludo el mismo que utilizaban los fascistas italianos, levantando el brazo al estilo de los antiguos romanos. Se creó una dirección integrada tanto por militares como por civiles y se respetó la influencia de la Iglesia Católica.


         



5.2.3. El primer gobierno de Burgos

En enero de 1938 Franco formó su primer gobierno con ministros, desapareciendo de este modo la Junta Técnica. Franco se convirtió en Jefe del Estado y del gobierno, y comenzó a ser llamado caudillo de España.

Este nuevo gobierno comenzó su actividad legislativa. Antes de que terminase la

guerra se promulgó el Fuero del Trabajo, una de las Leyes Fundamentales del régimen, inspirada en la Carta del Lavoro italiana, con la que se creaba un Estado corporativo organizado a través de sindicatos verticales en los que quedaban integrados los trabajadores y los empresarios. La huelga y las reivindicaciones colectivas de cualquier tipo eran consideradas actos subversivos.

A través de otro conjunto de leyes el gobierno trató de asegurar el control ideológico

del régimen sobre los medios de comunicación. Asimismo, para tratar de evitar la

secularización de la vida española pretendida por la República, se restableció el culto en la escuela y en el ejército y se instituyó una remuneración a cargo del Estado para el clero.



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