LA SEGUNDA REPÚBLICA. LA CONSTITUCIÓN DE 1931. POLÍTICA DE REFORMAS Y REALIZACIONES CULTURALES. REACCIONES ANTI-DEMOCRÁTICAS
LA SEGUNDA REPÚBLICA. LA CONSTITUCIÓN DE 1931. POLÍTICA DE REFORMAS Y REALIZACIONES CULTURALES. REACCIONES ANTI-DEMOCRÁTICAS
1. LA LLEGADA DE LA SEGUNDA REPÚBLICA
Después de la dimisión de Primo de Rivera, el nuevo gobierno del General Berenguer pretendió volver a la situación anterior a 1923 y restablecer la Constitución de 1876 y el sistema político de la Restauración. El 17 de agosto de 1930, los diferentes partidos de la oposición acordaron el Pacto de San Sebastián: se fijaron como objetivo derrocar a la monarquía e instaurar la República. Por otra parte, el 12 de diciembre se produce un conato de pronunciamiento militar republicano en Jaca que fue sofocado.
La descomposición de los partidos dinásticos y la unión de la oposición republicana, nacionalista y socialista contra la monarquía impidió volver al antiguo sistema canovista.
En 1931, tras la renuncia de Berenguer, Alfonso XIII encomendó al almirante Aznar la tarea de formar gobierno para tratar de regresar a la legalidad constitucional. Éste convocó elecciones municipales y a Cortes Constituyentes. Las primeras en convocarse fueron las elecciones municipales, el 12 de abril de 1931, que fueron entendidas por gran parte de la población como un plebiscito a favor o en contra de una monarquía personificada en Alfonso XIII, a quien se le exigía que asumiera las oportunas responsabilidades por su permisividad y estrecha vinculación con el régimen primorriverista.
Almirante Juan Bautista Aznar
La interpretación de los resultados de estas elecciones ha sido objeto de intensos debates historiográficos. Si bien es cierto que los cómputos totales de los votos emitidos fueron favorables a los partidos monárquicos (de hecho, parte de la prensa de la época anunció en la edición del 13 de marzo el triunfo de las fuerzas pro-monárquicas), una lectura más detallada, distinguiendo entre distritos urbanos y distritos rurales, nos permite hacer importantes matizaciones y entender mejor la evolución de los acontecimientos. Las fuerzas republicanas obtuvieron la victoria en la mayoría de las grandes ciudades. En las zonas rurales, sometidas a un tradicional control caciquil, los concejales elegidos fueron mayoritariamente monárquicos. La República fue proclamándose en la mayoría de las ciudades españolas a lo largo del día 14 de abril. Ante esto Alfonso XIII renunció a su poder y marchó al exilio. Inmediatamente después se proclamó la República en las Cortes, el día 14 de abril de 1931.
La República fue recibida por la mayor parte de la población con gran entusiasmo, pues se presentaba como el marco ideal que permitiría proceder con las reformas políticas, económicas y sociales que necesitaba España para modernizarse y avanzar socialmente. Sin embargo, fueron muchos los obstáculos que amenazaron desde el principio la estabilidad del nuevo sistema.
2. PANORAMA POLÍTICO EN LA SEGUNDA REPÚBLICA
- PARTIDOS DE DERECHA:
Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (JONS). Surgida en 1931, dirigida por Onésimo Redondo.
Falange. Fundada por José Antonio Primo de Rivera (hijo de Miguel). Grupo políticamente muy minoritario (en las últimas elecciones ni siquiera lograron tener un solo diputado en las Cortes), aunque de mayor presencia callejera. Su fama proviene más del uso que de ella hizo el franquismo que de lo que significó en la II República, pues su programa político era claramente revolucionario, muy alejado de lo que posteriormente serían la Falange Tradicionalista de Franco. Fusionados con las Juntas Ofensivas Nacional Sindicalistas de Onésimo Redondo, se constituirían las FE de las JONS, finalmente, ilegalizadas por su hostilidad hacia la República. Primo de Rivera acabaría siendo encarcelado y, con el estallido de la Guerra, fusilado.
Carlistas. Monárquicos tradicionalistas, se negaban a aceptar el régimen republicano y, encabezados por Manuel Fal Conde, organizaron grupos de choque paramilitares formados por cientos de hombres armados y entrenados.
Renovación Española. Grupo creado en 1933 que reunía los monárquicos alfonsinos. Algunas de sus características ideológicas posteriormente inspiraron al Estado franquista: voluntad de acabar con la República recurriendo con un golpe de fuerza; rechazo de la democracia y del sufragio universal; defensa del autoritarismo casi fascista; exaltación de la grandeza de España “como brazo de Dios” y tradicionalismo católico. Los dirigentes de RE pertenecían a la aristocracia y a medios financieros, bancarios, industriales y latifundistas. Muchos de ellos habían sido colaboradores del general Primo. Entre sus simpatizantes se encontraba Calvo Sotelo.
CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas). Partido formado en torno al partido Acción Popular de Gil Robles y Derecha Regional Valenciana de Luis Lucía en octubre de 1932 con la intención de unir fuerzas contra la política de Azaña. Encontramos tres puntos básicos en su programa político: Primero, el conservadurismo y la defensa de la iglesia católica, la educación religiosa, el Ejército y la familia (se oponían al divorcio y consideraban que el lugar natural de la mujer era el hogar); en segundo lugar, la oposición a la reforma agraria y a los avances del socialismo que amenazaba el sistema capitalista y la propiedad privada; por último, rechazaban completamente las reivindicaciones de los nacionalistas catalanes y vascos. La CEDA fue numéricamente muy poderosa, llegando a contar con 700.000 afiliados.
Estaba liderado por José María Gil Robles.
Jose Mª Gil Robles.
Luis García.
- PARTIDOS DE CENTRO:
Partido Republicano Radical. La defensa del orden, el temor al movimiento obrero revolucionario y la voluntad de frenar cualquier reforma socioeconómica excesiva o profunda eran sus señas ideológicas principales. Sus apoyos sociales se encontraban entre la media y pequeña burguesía. El viejo Alejandro Lerroux, que ya había abandonado el anticlericalismo furibundo, continuaba siendo su líder y llegó a ser jefe de gobierno varias veces entre 1933 y 1935.
Derecha Liberal Republicana. Partido en el que se dieron cita algunos elementos del caciquismo monárquico, y abogaba por una República muy moderada, apartada de cualquier intento seriamente renovador. Eran sus principales dirigentes Niceto Alcalá Zamora, antiguo ministro alfonsino, y Miguel Maura. Tras su disolución, aparecería el Partido Progresista, también bajo el liderazgo de Alcalá Zamora.
Niceto Alcalá Zamora Miguel Maura
- PARTIDOS DE IZQUIERDA:
Acción Republicana. Este partido progresista y pacifista, que repudiaba todo extremismo, alcanzó acuerdos políticos con el PSOE para impulsar un ambicioso programa de reformas (agricultura, educación, sanidad, fuerzas armadas y autonomías regionales). Fundada durante la dictadura de Primo de Rivera por Manuel Azaña como un punto de encuentro de las diversas tendencias republicanas. Simpatizaron con ella numerosos intelectuales de la talla de Unamuno, o Antonio Machado.
En 1929 sufrió una escisión, de la que aparecería el Partido Republicano Radical Socialista, de miras más izquierdistas. Su principal dirigente era Manuel Azaña, alma de la Segunda República, gran intelectual y extraordinario orador. Fue ministro de Guerra en el Gabinete provisional de 1931, jefe de Gobierno entre 1931 y 1933 y, posteriormente, presidente de la República desde 1936. Acción Republicana recibía el apoyo electoral de las clases medias de las grandes ciudades. En 1934 este partido político y el Partido Radical-Socialista se fusionaron formando Izquierda Republicana.
PSOE. Fundado por Pablo Iglesias en los últimos años del siglo XIX, (por aquel entonces) de ideología marxista, y de enorme peso en la vida republicana. Muy poderoso en estos años, obtuvo 116 diputados en las elecciones de 1931, 58 en 1933 y 99 diputados en 1936. Dirigentes suyos fueron primeras figuras de la vida política, tales como Julián Besteiro, Fernando de los Ríos e Indalecio Prieto. El sindicato ligado al PSOE, la Unión General de Trabajadores, liderada por Largo Caballero, fue, junto con la anarquista CNT, el más importante de la República.
Pablo Iglesias Fernando de los Ríos Indalecio Prieto Julián Besterio
Largo Caballero
PCE. Revolucionario, prosoviético e insignificante numéricamente, ya que sólo consiguió 400.000 votos en las elecciones de 1933. Entre sus dirigentes más destacados cabe señalar a Dolores Ibárruri Gómez, “La Pasionaria”.
Anarquistas. Indiferentes a la legalidad democrática republicana y dispuestos siempre a la insurrección revolucionaria y al enfrentamiento contra derechistas y fuerzas de orden público. No se organizaron nunca como partido político y sí como sindicato: la CNT. Su peso fue grande durante la Guerra Civil.
- PARTIDOS NACIONALISTAS Y REGIONALISTAS:
PNV. Conservador y católico. José Antonio Aguirre, uno de sus más destacados líderes se convertirá en 1936 en el primer lehendakari del gobierno vasco.
ORGA (Organización Republicana Autonomista Gallega) Fuerza gallega autonomista de izquierda liderada por Casares Quiroga.
Lliga Catalana. Era la antigua Lliga Regionalista. Tuvo un escaso peso ya que el electorado le achacaba la colaboración con la Monarquía. Fracasó en las elecciones del 31 y se reorganizó en el 32 donde adoptó el nombre de Lliga Catalana. Desapareció definitivamente de la escena política republicana tras el fracaso de las elecciones de febrero de 1936. Su líder era Cambó.
Esquerra Republicana de Catalunya. Partido izquierdista y nacionalista exaltado que dominaba la escena política catalana. Liderado por Francesc Macià y Lluis Companys, ambos fueron presidentes de la Generalitat.
3. EL AMBIENTE INTERNACIONAL Y NACIONAL
3.1. Las repercusiones de la crisis internacional
Aunque el inicio de la República coincidió con la gran crisis económica mundial que se había iniciado con el crack de la Bolsa de Nueva York en 1929, la incidencia directa de esta crisis en la economía española fue leve, debido al relativo aislamiento de ésta con respecto a los mercados internacionales. Además, la depreciación que estaba conociendo la peseta hizo disminuir los precios de los productos españoles, aumentando de este modo la competitividad de estos en los mercados.
La crisis internacional no tuvo por lo tanto una incidencia directa sobre la economía española. Sin embargo, debió contribuir en el aumento de la frustración de las aspiraciones reformistas del gobierno de izquierdas del primer bienio republicano. El hecho de que las principales potencias mundiales estuvieran repatriando capitales para hacer frente a las crisis nacionales dificultaría en gran medida la obtención de la financiación necesaria para emprender cualquier proyecto.
3.2. Los problemas internos
La conflictividad social fue muy aguda, especialmente en aquellas zonas eminentemente latifundistas, como Andalucía, Extremadura y Castilla la Nueva.
El Comité Revolucionario, surgido a raíz del Pacto de San Sebastián, tomó posesión del gobierno en Madrid en medio del entusiasmo popular. Inmediatamente después se formó un gobierno provisional de coalición integrado por republicanos, socialistas y nacionalistas. Fuera de esta coalición quedaba la derecha monárquica, el nacionalismo vasco y el obrerismo comunista y anarquista.
El gobierno provisional comenzó con las reformas demandadas por parte de la sociedad a través de decretos ministeriales y, siguiendo los acuerdos del Pacto de San Sebastián, convocó elecciones a Cortes Constituyentes para el 28 de junio de 1931.
5. LA CONSTITUCIÓN DE 1931
Las elecciones de 28 de junio dieron la victoria a la coalición republicano-socialista. Una Comisión Constitucional nombrada por las Cortes elaboró el proyecto de Constitución, de carácter democrático y progresista, que fue aprobado en diciembre de 1931. Sus principales características son:
• La República se constituye en Estado integral,
aunque compatible con la autonomía de los
municipios y regiones.
• Se establece la separación de poderes:
el legislativo recae en unas Cortes unicamerales;
el ejecutivo, bajo el control parlamentario, queda en manos del Consejo de ministros y el presidente de la República;
y el poder judicial en jueces independientes.
• Establece la posibilidad de expropiación y de nacionalización de los servicios públicos por motivo de utilidad social.
• Introduce una amplia declaración de derechos y libertades. Se reconoce tanto el matrimonio civil como el divorcio. El voto es para los adultos mayores de 23 años, y se reconoce el derecho a voto a las mujeres.
Art. 36. Los ciudadanos de uno y otro sexo, mayores de veintitrés años, tendrán los mismos derechos electorales conforme determinen las leyes.
• En materia religiosa se declara la separación entre Iglesia y Estado (se elimina el presupuesto del clero, se declara la no confesionalidad del Estado y se disuelve cualquier orden que tenga como voto el respeto a una autoridad distinta a la del estado español: caso de los jesuitas).
• Se adopta una bandera nueva:
Art. 1. (…) La bandera de la República española es roja, amarilla y morada. Los temas que más contribuyeron a enconar los ánimos de los diputados, generando acalorados debates parlamentarios, fueron los relativos a la cuestión religiosa y a las regiones autónomas. La aprobación de los artículos referidos a la religión provocó una fuerte reacción eclesiástica y la dimisión de los sectores católicos, entre los que se encontraba el propio jefe del gobierno, Alcalá Zamora, quien tras su dimisión fue sustituido por Manuel Azaña, lo cual no fue óbice para que una vez aprobada la Constitución Alcalá Zamora fuera elegido Presidente de la República.
6. FASES DE LA REPÚBLICA
6.1. Primera Fase: El Bienio Reformista (1931-1933)
6.1.1. Las reformas
Durante este período Manuel Azaña presidió un gobierno formado mayoritariamente por republicanos de izquierdas y socialistas que impulsó el plan de reformas ya iniciado por el gobierno provisional.
6.1.1.1. La reforma del ejército
También se pretendía modernizar materialmente el ejército, aunque la disminución de su presupuesto impidió llevar a cabo tal propósito.
La ley de reforma militar fue recibida por un sector del ejército como una agresión a la tradición militar, por lo que provocó importantes tensiones, especialmente entre los africanistas.
6.1.1.2. La reforma religiosa
Se decretó además la disolución de aquellas órdenes que tuvieran como cuarto voto la obediencia al Papa frente a cualquier otra autoridad, para, entre otras cosas, garantizar la obediencia de todos los españoles al Estado. De este modo la orden de los jesuitas, que tenía una gran influencia en la educación, quedó disuelta en España, quedando sus bienes nacionalizados. Además, se prohibió la práctica de la enseñanza a las órdenes religiosas, ésta controlada por el estado.
Todas estas medidas provocaron una polarización radical de la opinión pública. Del ámbito religioso surgieron importantes enemigos de la República. La mayor parte de la población de aquella época era católica, por lo que no le fue difícil a la jerarquía religiosa movilizar a importantes sectores en contra del gobierno. El gobierno por su parte decidió entonces expulsar de España a aquellos religiosos especialmente activos y molestos para los planes de modernización de España.
6.1.1.3. La reforma agraria
La ley más ambiciosa con la que se pretendía encarar y dar soluciones a los graves problemas del campo fue la de Reforma Agraria de 1932, cuyos objetivos fueron fundamentalmente expropiar los grandes latifundios y asentar a los campesinos sin tierras.
Las tierras de la nobleza podían ser expropiadas, en parte, sin pagarse indemnización; las tierras mal cultivadas, arrendadas sistemáticamente o no regadas, pudiendo serlo, podían ser expropiadas, pero pangándose una indemnización.
Esta ley, que contribuyó a acentuar la tensión social, tuvo un alcance muy limitado, debido a la complejidad técnica de su aplicación, la falta de presupuesto, la lentitud burocrática y la resistencia de los propietarios.
La Ley de Reforma Agraria terminó alineando frente a la República tanto a los latifundistas, que contaban con gran fuerza económica y poder, como sectores importantes del campesinado, que frustrados ante la falta de resultados y defraudados con las posibilidades de cambio social ofrecidas por la República, se reorientaron hacia posiciones de carácter revolucionario.
6.1.1.4. La reforma del estado centralista: las autonomías
En Cataluña, el 14 de abril de 1931, Francesc Macià, presidente de Ezquerra Republicana de Catalunya, proclamó la República Catalana dentro de la Federación Ibérica. El gobierno provisional de la República Española reconoció este gobierno autónomo, la Generalitat. Se encargó a una comisión la elaboración de un Estatuto de Autonomía, el Estatuto de Nuria, que fue aprobado en referéndum con un 99% de votos afirmativos. A pesar de la oposición de algunos sectores en el parlamento, finalmente fue aprobado, aunque eso sí, con algunas modificaciones. Cataluña pasaba a tener gobierno y parlamento propio, pero carente de competencias en materia económica, social, educativa y cultural.
En el País Vasco el PNV (Partido Nacionalista Vasco) y los carlistas aprobaron en 1931 el llamado Estatuto de Estella, al que se opuso el republicanismo de izquierda y los socialistas debido a su carácter confesional y poco democrático, incompatible con la legalidad democrática republicana. Se mantuvieron intensas negociaciones hasta que, en octubre de 1936, iniciada ya la guerra, fue aprobado un estatuto vasco de carácter democrático, siendo elegido José Antonio Aguirre (PNV) Lehendakari.
En Galicia, con un movimiento nacionalista menos fuerte, el proceso estatutario fue más lento, no llegando a ser aprobado por las Cortes.
6.1.1.5. Las reformas sociales
• Ley de contratos de trabajo y de jurados mixtos.
• Establecimiento de la jornada laboral de 40 horas.
• Aumento de los salarios.
• Se impulsan los seguros sociales.
Las organizaciones patronales se opusieron a todas estas medidas.
6.1.1.6. La reforma educativa
6.1.2. Los enemigos de las reformas y la conflictividad social
El descontento también se extendió entre la clase obrera, no satisfecha con la lentitud y poco alcance de las reformas emprendidas, y muy perjudicada como consecuencia del paro y de las duras condiciones de trabajo y vida en general, protagonizando una fuerte oleada de insurrecciones violentas.
6.1.2.1. La reorganización de las derechas
En 1931 surgieron pequeños grupos de corte fascista, como las JONS (Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista), que más tarde se uniría a Falange Española, partido fundado en 1933 por José Antonio Primo de Rivera, que impulsó la formación de grupos paramilitares para enfrentarse con las fuerzas de izquierda.
En 1932 se creó la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas) de carácter autoritario, dirigida por José María Gil Robles.
Del ámbito militar surgió en 1933 se fundó la UME (Unión Militar Española), de carácter derechista y anti-reformista, que tendría una gran importancia en el golpe de 1936. En agosto de 1932 hubo una intentona de Golpe de Estado en Sevilla protagonizada por el general Sanjurjo (la Sanjurjada) que terminó en fracaso.
6.1.2.2. Obrerismo y conflictividad social
Por un lado, estaban los moderados, llamados Treintistas, encabezados por personas como Ángel Pestaña o Juan Peiró, que prestaban un cierto apoyo a la República. Este sector defendía la revolución social, aunque consideraban necesario pasar por una fase preparatoria previa.
La Federación de Trabajadores de la Tierra, sindicato del campo asociado a la UGT, con más de 450.000 afiliados, también se radicalizó.
Fueron constantes las revueltas, normalmente consistentes en la toma del ayuntamiento del pueblo, la quema del registro de la propiedad, las colectivizaciones y la declaración del comunismo libertario. Solían terminar cuando intervenían las fuerzas del orden, resultando numerosos muertos (como en Casas Viejas, en Cádiz, donde fallecieron doce personas).
Los socialistas cada vez se separaban más de la República y alentaban el levantamiento campesino (destaca en este sentido la revuelta campesina de Castilblanco en Extremadura). La coalición gubernamental republicano-socialista sufrió un fuerte desgaste, al tiempo que perdía la confianza de la sociedad ante las medidas empleadas para controlar el orden público. Azaña dimitió, disolvió las Cortes y convocó elecciones para noviembre de
1933.
6.2. Segunda Fase: El bienio conservador (1933-1936)
El nuevo gobierno dirigido por Lerroux procedió con la paralización de las reformas. En el campo se fijó la devolución de tierras a la nobleza y se dio total libertad de contratación, lo que provocó la caída de los jornales. El campesinado, respondió con la huelga.
La reforma religiosa también fue frenada. Se estableció un presupuesto para el culto y el clero y se intentó firmar un Concordato con la Santa Sede.
Se concedió la amnistía a los sublevados en el golpe de Sanjurjo y a los colaboradores de la dictadura de Primo. La reforma militar sin embargo siguió adelante, al igual que la reforma de la educación, aunque eso sí, conociendo un recorte en el presupuesto disponible.
Ante este giro hacia el conservadurismo, la CNT y la UGT respondieron radicalizando sus posturas. Francisco Largo Caballero, líder del sector socialista más radical, propuso la ruptura con la República y con las fuerzas burguesas e iniciar la revolución. Por su parte, Indalecio Prieto, representante del socialismo moderado, defendía la colaboración con los republicanos de izquierda para tratar de estabilizar la República y acometer las necesarias reformas.
6.2.2. La Revolución de octubre de 1934
En Cataluña el presidente de la Generalitat, Lluís Companys, proclamó el 6 de octubre de 1934 la República Catalana dentro de la República Federal Española. Al mismo tiempo una alianza obrera, que no contaba con el apoyo de la CNT, la fuerza obrera más importante en Cataluña, inició la huelga general. El movimiento, que contaba con escaso apoyo social, tardó poco tiempo en fracasar. Se encargó de su represión el general Batet. Hubo más de 3.500 detenidos, entre ellos los miembros del gobierno de la Generalitat y el pleno del Ayuntamiento.
6.2.3. La crisis del segundo bienio (El Bienio Negro)
• Devolución de las propiedades a los jesuitas.
• Nombramiento de Gil Robles como ministro de la Guerra.
• Nombramiento de Franco como jefe del Estado Mayor.
La situación política se polarizó, y ante la actuación represiva del gobierno se posicionaron en un frente común las fuerzas de izquierda.
La CEDA presentó en julio de 1935 un anteproyecto para la reforma de la Constitución, con el que se pretendía restringir la formación de regiones autónomas, abolir el divorcio e impedir la socialización de la propiedad. El proyecto no llegó a votarse debido a la caída del gobierno. En octubre de 1935 el gobierno entró en crisis. Los republicanos radicales de Lerroux sufrieron un fuerte desprestigio como consecuencia de varios escándalos políticos y de corrupción (malversación de fondos y el caso del Estraperlo) que provocaron el hundimiento de la coalición gubernamental radical-cedista. Gil Robles trató de ser nombrado presidente del gobierno para poder llevar a cabo su programa político. Sin embargo, el presidente de la República Alcalá Zamora decidió negarse y convocar elecciones para febrero de 1936.
6.2.4. Las elecciones de febrero de 1936
• Por una parte una coalición de izquierdas (republicanos, socialistas y comunistas) agrupada en torno al Frente Popular, que pretende amnistiar a los represaliados políticos y poner en funcionamiento la legislación reformista suspendida durante el bienio anterior.
• Por otra parte los partidos de derecha se aglutinaron en torno al Bloque Nacional, aunque no pudieron llegar a crear una candidatura única para toda España ni redactar un programa político consensuado.
6.3. Tercera Fase: el triunfo del Frente Popular
6.3.1 El Frente Popular
Se procedió con la concesión de la amnistía a unos 30.000 presos políticos y se forzó a los patrones a readmitir a los obreros despedidos como consecuencia de las huelgas de 1934. Asimismo, se permitió el restablecimiento del gobierno de la Generalitat y se iniciaron las negociaciones para la aprobación de un Estatuto para el País Vasco y otro para Cataluña.
Las reformas iniciadas en 1931 fueron reemprendidas. Para evitar un posible golpe de Estado el gobierno decidió enviar a los generales que menos confianza ofrecían al régimen a lugares periféricos: Franco a Canarias; Mola a Navarra; Sanjurjo por su parte se encontraba exiliado en Portugal desde su fracasado golpe de estado de Sevilla de 1932.
Los propietarios agrícolas se opusieron a las reformas, muchos industriales decidieron cerrar sus fábricas y la Iglesia católica, temerosa de nuevos brotes anticlericales y de un nuevo recorte de sus derechos en España, se opuso a la República de manera generalizada.
Una parte de la izquierda (los anarquistas y los socialistas encabezados por Largo Caballero) eufórica por su triunfo electoral, empezó a propugnar la necesidad de iniciar la revolución. En la derecha, la Falange organizó grupos paramilitares que protagonizaron fuertes acciones violentas. Se creó así un clima de violencia generalizada con enfrentamientos constantes entre la izquierda y la derecha. Ante el aumento de la violencia una parte importante de la derecha adoptó una posición favorable a un golpe de Estado.
6.3.2. La preparación del golpe de Estado
La jefatura suprema del golpe se reservó al general Sanjurjo, militar muy respetado dentro del estamento militar que se encontraba exiliado en Portugal como consecuencia de su frustrado golpe de 1932 en Sevilla. El plan consistía en conseguir que el máximo número cuarteles se pronunciaran simultáneamente por toda España, considerándose claves para el triunfo los de Madrid y Barcelona, así como el ejército africano, el mejor preparado de todos en la guerra, cuyo mando se reservaba al general Franco.
Las distintas fuerzas derechistas fueron creando una red de enlaces y apoyos militares y civiles que se extendía fuera de España, a Italia y Alemania. El golpe se precipitó debido al encadenamiento de una serie de acontecimientos. El 12 de julio de 1936 el teniente Castillo, de la Guardia de Asalto, de tendencias izquierdistas, fue asesinado. El 14 del mismo mes, y como represalia, algunos de sus compañeros secuestraron y asesinaron al líder del Bloque nacional, José Calvo Sotelo. El día 17 de julio las tropas de Marruecos se sublevaron.
Al día siguiente hicieron lo mismo numerosos cuarteles españoles, sin embargo, el alzamiento no logró imponerse en las dos ciudades más importantes, es decir, en Madrid y Barcelona, quedando España dividida en dos zonas de prácticamente el mismo tamaño.
Esto desembocó en una guerra civil que duraría tres años.


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